viernes, 28 de septiembre de 2012

Chichis

Buceando por la red, en busca de una receta de comida mejicana, encuentro que existe una marca de productos mejicanos con el curioso nombre de Chi-chi's, que así, al momento, me pareció que era el nombre de uno de esos clubs de carretera que gastan poco en vestuario para las empleadas, ya me entienden. Casi por inercia sigo buscando, ¿y qué encuentro?


Encuentro que hay un grupo femenino sur coreano de música -que no he escuchado jamás y probablemente nunca escuche, al menos intencionadamente- que se hacen llamar Chi Chi. ¡Vaya tela!


Pero no acaba ahí la cosa, sino todo lo contrario, también he encontrado títulos de canciones -una por cierto de Charlie Parker-, nombre de hoteles, urbanizaciones, seudónimos de deportitas, incluido un profesional de la lucha libre americana, también hay cosas coherentes como estrellas del cine porno gay, un actor de Bollywood, o una ciudad en Azerbaiyán, un oso panda, o un cocktail de piña colada y si sigo buscando creo que puedo encontrar casi cualquier cosa que se les pueda ocurrir, y es que este mundo no deja de sorprenderme.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Un cuarto propio - Virginia Woolf

No había leído nada de Virginia Woolf hasta el fin de semana pasado, quiero decir nada de entidad, pues todo el mundo ha leído alguna vez una cita o algún párrafo suelto de la escritora británica. Sí había leído, en cambio, varias notas breves en relación a su biografía, y artículos sobre su peculiar personalidad y carácter y también sobre su distintivo final de vida. Recuerdo haberlos leído alrededor de la fecha de lanzamiento o promoción de Las horas, aquella maravillosa película -que debo volver a ver- dirigida por Stephen Daldry e interpretada por un magnífico trío de actrices (Meryl Streep, Nicole Kidman y Julianne Moore).

Siempre tuve curiosidad por leer algo de Virginia Woolf y finalmente cedí ante mi curiosidad escogiendo no sé muy bien por qué este ensayo sobre la mujer y la literatura. En realidad lo hice porque sólo tengo un par de libros de ella y la traducción de éste corría a cargo de Jorge Luis Borges, que es sinónimo de buen trabajo, y ello resultó decisivo para decidirme.

El ensayo llega a la conclusión de que para que una persona, en este caso una mujer, pueda expresarse libremente, para poder desarrollar naturalmente sus capacidades, es necesario poseer un cuarto propio con una cerradura en la puerta así como una pensión o ingresos constantes suficientes (quinientas libras al año).

En las apenas ciento veinte páginas del ensayo, Virginia Woolf desmenuza gran parte de la historia de la literatura de Reino Unido, e intenta explicar y comprender la poca cantidad de mujeres escritoras que encontramos en ella. El ensayo resulta entretenido a la par que educativo, aunque algunos párrafos al leerlos en el siglo XXI resultan anticuados y fuera de contexto, pero uno comprende que en su momento, cuando se publicó (1929) debieron ser terriblemente actuales.

Pd: Otra de las razones que me inclinaron a leer a Virginia Woolf es que mi santa dice -casi me acusa-  de que leo muy pocos libros escritos por mujeres -y no le falta razón-, así que decidí coger al toro por los cuernos.

lunes, 24 de septiembre de 2012

A better future

La vida te enseña, con el paso de los años, que no hay vuelta atrás. Uno lo sabe desde antes, desde mucho antes, pero sólo se da cuenta de verdad cuando es demasiado tarde. Sólo hay una manera, sólo un objetivo posible. Seguir adelante. Nunca hacia atrás. No hay dirección contraria, tan solo aprender a vivir hacia delante.


El dolor te hace más fuerte;
las lágrimas más valiente;
las rupturas más sabio;
así que da gracias al pasado
por un  futuro mejor.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Pollo sin ...

O han descubierto un nuevo tipo de pollo, creado mediante el intercambio genético con alguna especie de pescado, y no me he enterado aún, o el que ha escrito en esta pizarra no tiene ni la más mínima idea de lo que son los huesos. Prefiero imaginar que lo que tiene son muchas ganas de cachondeo.



viernes, 21 de septiembre de 2012

Girl writing - Edmund Tarbell

Edmund Charles Tarbell fue un pintor norteamericano, nacido en Massachusetts en 1862. Comenzó a recibir clases de pintura desde muy temprana edad, y a los 17 años entró en la Escuela de Bellas Artes de Boston, donde coincidió con otros pintores americanos, algunos de ellos junto a él formarán lo que posteriormente se denominó como el grupo de Los Diez. A los 21 se trasladó a París, que en aquellos años era un auténtico hervidero de artistas. En París tuvo ocasión de copiar de primera mano a los más grandes pintores, además en la capital francesa se estaba desarrollando vivamente un nuevo movimiento artístico que luego se conocerá como impresionismo. Tarbell se impregnará de todo ello y lo plasmará de manera magistral en su obra. Durante un par de años viajó incansablemente por toda Italia, así como por Londres, Bruselas, Amberes, Colonia y Munich, admirando a los clásicos europeos in situ.

Tarbell volvería a Boston a los veintitrés años, donde se ganará la vida como ilustrador y pintor de retratos. A los 26 se casará con Emeline Souther, hija de una distinguida familia de Dorchester. Tanto Emeline como los cuatros hijos del matrimonio le servirán como constantes modelos en sus cuadros.

A los 27 años de edad, Tarbell sustituirá a su profesor en la Escuela de Bellas Artes. Con el paso de los años, gracias a su obra y a las espléndidas clases de pintura que impartió, se ganó cierto prestigio académico. Tanta fue la influencia que dejó Tarbell en la Academia de Bellas Artes que sus posteriores seguidores se conocerían como The Tarbellist. Además desarrolló trabajos como director de una prestigiosa Galería de Arte en Washington.

Personalmente, de entre su obra, siento predilección por sus interiores y sus retratos, a pesar de que uno de sus cuadros, el más aplaudido y premiado, sea precisamente un exterior, In the Orchard.

Pero el cuadro que he seleccionado para este mes es, sin embargo, un bello interior, Girl writing (Muchacha escribiendo), de 1917. La razón, o las razones que me han empujado a colocar el post de este cuadro son varias. Me explico:


Una de las razones principales por la que elegí esta obra es que aún estoy bajo la luminosa influencia de la exposición de Edward Hopper y esta obra de Tarbell respira ese inequívoco aire misterioso tan común en la obra de Hopper; sus luces y sus sombras aún descansan sobre mí y mis pensamientos. Otra destacada similitud es la cantidad de preguntas que encierra: ¿qué está escribiendo la muchacha? ¿una carta quizás? ¿una nota de despedida? ¿si es así, a quién va dirigida? ¿será sencillamente una nota recordatoria?, y lo más extraño de todo ¿por qué lleva el sombrero puesto en el interior de la vivienda? Ha regresado quizás solamente a escribir la nota y por eso está la puerta entreabierta? El cuadro es una absoluta joya en cuanto al juego de luces y sombras, a la más pura tradición holandesa del siglo XVII, con Vermeer como clara influencia, que era además, según me informo por Internet, uno de sus pintores favoritos.

Otra razón, y quizás la más relevante de todas las que me han influenciado a la hora de seleccionar este cuadro, ha sido que en estos días estoy leyendo Un cuarto propio de Virginia Woolf, y esta pintura representa perfectamente esa soledad, esa autonomía e independencia que Virginia solicitaba enérgicamente para la mujer. Un cuarto propio para que la mujer pudiera desarrollarse plenamente, tanto literaria como vitalmente. Y aunque bien es cierto que la habitación del cuadro no parece que sea el cuarto de la atractiva joven, sino más bien una sala de estar, al menos dispone de ese escritorio, anhelado e imprescindible, para poder expresarse libremente.

Por otro lado, el cuadro capta perfectamente ese instante pausado y sensible por el que cualquier persona obligatoriamente atraviesa alguna vez cuando escribe, bien en busca de una idea, de una manera de expresarse, o sencillamente pondera el uso de una simple palabra. Parece evidente que la bella joven es el centro sobresaliente del cuadro, donde todas las miradas se fijan, pero eso no debe apartarnos del atractivo latente del resto de la habitación: los cuadros del fondo, la puerta entreabierta, el mobiliario colonial, el jarrón de flores rojas, el mullido cojín, la alfombra interrumpiendo la cálida luz reflejada en el suelo, todo de una delicada calidez.

Pero, al mismo tiempo, mentiría si después de escribir todo lo anterior, no les afirmo y asevero que la verdadera razón por la que este cuadro ha sido elegido es porque simple y llanamente es un cuadro magnífico. Una auténtica maravilla. Una obra de arte en mayúsculas.

Si desean ver el cuadro en persona, y tienen la suerte de poder permitírselo, les hago saber que se encuentra en el Museo de Arte de Philadelphia.

Pd: Esta entrada no tendría mucho sentido si no les anima a investigar más sobre la obra del genial pintor.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Mil

Hace cinco minutos, al acceder al administrador de entradas de este blog, según me indica el contador del menú de la configuración, ésta podrá ser mi entrada número mil, pues la anterior, la que publiqué el martes pasado, fue la número novecientos noventa y nueve. De manera que si no me fallan las matemáticas -lo cual sería muy grave- ésta de hoy es la número mil. Número redondo de los gordos.

Nunca imaginé que llegaría a un número tan alto y menos con este blog. Lo cierto es que lo comencé con la idea de incluir todo lo que, por una causa u otra, no tenía cabida en mi anterior blog (sofiaylaluna.blogspot.com), y mira por donde, casi sin intención, han ido surgiendo ideas, he ido encontrando excusas y, poco a poco, casi sin darme cuenta, el blog ha ido creciendo progresivamente. Supongo que igual que ningún jugador en su segundo partido aficionado se plantea alcanzar los cien partidos con la selección absoluta de su país, o como ningún escritor tiene previsto escribir veinte novelas antes de publicar la primera o ningún niño tiene la intención de alcanzar los cien años cuando sople las velas de los cinco años, a mí tampoco se me pasaba por la imaginación llegar a las mil entradas, aunque soy consciente de que cualquiera de las comparaciones anteriores -mal escogidas, sin duda- tienen mucho más mérito. Muchísimo más. En cualquier caso, lo que quiero dar a entender, es que cuando creé el blog mi intención era bastante inconsistente y difusa, y ni mucho menos podía imaginar llegar a las mil entradas. No lo imaginaba.

No lo imaginaba, entre otras cosas, porque no pensaba contarlo, es decir, que no tenía intención de contar el número de entradas colocadas, ni tenía muy claro cuando me metí, en qué me metía. Tampoco imaginaba las posibilidades que un blog ofrecía, ni si me iba a gustar lo suficiente o si me iba a cansar, o de si sería capaz de encontrar el tiempo de dedicación necesario. Pero de todas mis dudas, quizás la más importante, era que no tenía muy claro para qué quería tener un blog personal: ¿me gustará? ¿para qué, y qué voy a escribir?

Ahora comprendo esa frase tan repetida de que todo es empezar. Comencé sin mucho interés, en realidad, más bien lo hice por probar y conocer qué era y cómo funcionaba esto de un blog personal. Más por curiosidad que por otra cosa. Siempre me quedaba la opción de borrarlo todo y hacerlo desaparecer en un par de clics de ratón. Poco a poco fui encontrando excusas para escribir una vez más, que si la crónica de mi equipo, que si una foto que me gustó, una canción que me apetecía, un partido de pádel, una película, un libro, hasta que he ido dándome cuenta que me relaja escribir. Me hace pensar, me ayuda a aprender, a seguir sintiendo curiosidad por las cosas, a ir renovándome. Mi mayor miedo al escribir este blog quizás es repetirme, o aburrir, aunque supongo que si ocurre lo primero, lo segundo viene de la mano.

Cuando visito entradas anteriores de este blog me doy cuenta que las entradas tienen éste o aquel error, que podría haber mejorado aquello o esto otro. En definitiva, que podría haberlo hecho mejor de lo que lo hice. Y me da coraje, créanme, pero por otro lado, lo que ahora me parece evidente y antes no veía, creo que es una señal manifiesta de que voy mejorando. Madurando. No sé, puede que no, quizás me equivoque. 


El propósito actual tampoco es que sea muy exigente, y probablemente sea bastante conformista y reservón, y es que si cuando entran en este blog de visita y echan un vistazo y a los pocos minutos, después de curiosear, o de leer el último post, deciden abandonar la página, me sentiré feliz y conforme conque aún les quede la intención de volver a visitarlo en otra ocasión. Con eso es suficiente... hasta la próxima entrada.

Pd: Sus comentarios siempre son de ayuda.

martes, 18 de septiembre de 2012

El mejor álbum de REM

Unos de los álbumes que más he escuchado en mi vida -y me paro a pensar lo que estoy escribiendo- es Up del grupo norteamericano REM, que desgraciadamente se han separado hace ahora un año. Up es en mi opinión uno de los mejores álbumes de REM, sino el mejor. Y es, sin duda, uno de los mejores discos de una banda consolidada.

Cuando un grupo saca un disco de esos que los ponen en la órbita del panorama musical mundial, lo difícil es, después de ese éxito inicial, mantener o incluso mejorar el nivel. La mayoría de las veces el disco que lanza a un grupo al estrellato suele contener un par de buenas canciones que provocan el entusiasmo del público en general, pero seguidamente, cuando tienen que publicar el siguiente álbum, entonces es cuando la cuestión se complica. REM superaron con creces el éxito rotundo de Out of time, con Automatic for the people y seguidamente con Monster. Después publicaron New adventures in Hi-Fi, que en mi opinión, aunque siendo bueno, baja un poco el listón de los tres anteriores, pero poco.

El siguiente álbum de estudio fue Up, que es el verdadero gran disco de la banda. Es el disco donde Michael Stipe aprovecha mejor su característica voz. Las letras son inmensas, los ritmos originales y bien trabajados. Las instrumentación de las canciones es simplemente maravillosa, entre delicada y contundente. Los inicios de percusión son muy originales, con lo difícil que es eso, los teclados están incluidos de una forma tan al servicio de la canción que casi pasan desapercibidos, pero que al cabo de varias escuchas se sitúan en el primer plano de la canción. Es uno de esos discos que van creciendo con las escuchas, y que conforme uno presta más atención encuentra más detalles sobresalientes. Así que si no lo han devorado aún, les aviso que están cometiendo un pecado imperdonable. De manera que si tienen el disco en una estantería o a dos clics de ratón, sea como sea, no pierdan el tiempo, suban el volumen y échense a disfrutar, que no se arrepentirán.

Para abrir boca les coloco un vídeo del álbum Up: Lotus



domingo, 16 de septiembre de 2012

Runrún

No sé bien por qué hoy me acordé de una conversación que tuve con un amigo de la facultad. No recuerdo su nombre y apenas recuerdo su cara, pero sin embargo recuerdo bastante bien la conversación.

Ocurrió en los pasillos de la facultad después de salir de un examen mientras todos buscábamos intercambiar y comparar los resultados de los problemas. Él se mantenía algo apartado al resto, lamentándose en voz baja, me acerqué para preguntarle qué tal le había ido, y casi como si hablara consigo mismo me espetó: la mente humana es sorprendente, jodidamente sorprendente. ¿Y eso? -le pregunté curioso-. Paso -decía- muchísimas horas al día pensando, comiéndome la cabeza, desde que tengo uso de razón, pero por primera vez en mi vida, justo a la hora del examen, me he quedado en blanco. Justo -añadió- cuando más la necesitaba. Mira que paso noches en las que no consigo conciliar el sueño, noches en las que la cabeza está ahí runrún, runrún, dale que te pego, toda la noche dale que te pego, sin poder pegar ojo, sin dormir, y hoy, justamente hoy -decía amargamente- y cuando más la necesito, zas, me deja tirado.

Quizás sería apropiado añadir que esta conversación la recordé a eso de las 4:30 de la madrugada, cuando mi mente estaba runrún, runrún...

viernes, 14 de septiembre de 2012

Feliz 40

Hoy es el cumpleaños de mi santa, y no un cumpleaños cualquiera, no uno de esos de usar y tirar, sino uno de los de fotografiar y recordar. Una fecha significativa, según mi señora, más incluso que cincuenta. Les hablo de los 40 tacos, que se dicen pronto pero que se cuentan lentos. Los 40 vienen a ser algo así como la edad fronteriza entre el ayer y el mañana, más o menos como los jueves en el trascurso de la semana, pero en la vida.

El asunto es que la vida pasa en un santiamén, en un suspiro. Ya ven, la conocí con trece años y dije ésta es para mí -aunque todos sabemos que en realidad son ellas las que nos empujan a creerlo-, y desde entonces, y casi sin darme cuenta, en un ir y venir, casi en un ahora vuelvo, ya tiene cuarenta. Pero bueno, que me disperso. Hoy estoy aquí para felicitarla, para darle las gracias, para mandarle cuatro achuchones, 40 tirones virtuales de orejas, millones de besos, y sobre todo para desearle que siempre, siempre, siempre sea tan feliz a mi vera como yo lo soy a la suya.

¡Feliz cuarenta!


jueves, 13 de septiembre de 2012

Una novelita lumpen - Roberto Bolaño

El pasado viernes fui a la biblioteca más cercana de casa acompañado de mis hijos con la intención de hacerles el carnet de la biblioteca, a ver si así consigo poco a poco inculcarles el hábito por la lectura o al menos pongo un granito más para hacerlos buenos lectores.

Estando en la biblioteca mientras curioseaba entre las estanterías comprendí que me resultaría imposible salir de ella sin llevarme un libro para casa. Sin detenerme mucho, pues estaba pendiente de que mi pequeño no desmontara la biblioteca, elegí uno de Roberto Bolaño, acordándome de que hace ya bastante tiempo prometí darle al escritor chileno una segunda oportunidad. Era consciente además que si no me gustaba esta novela, o mejor dicho esta novelita, quizás tendría que darle una tercera oportunidad, pues de buena fuente sé que sus mejores novelas son, o al menos así opina mi confidente literario personal, Los detectives salvajes y 2666, y esas son las que debería haber elegido, pero como yo soy así de caprichoso, elegí Una novelita lumpen.

Una novelita lumpen me ha gustado bastante. Es una de esas novelas para leer de un solo tirón, aunque yo, por falta de tiempo, lo hice en dos. Es un libro con pocos personajes donde casi todos ellos son personajes extremos. Está escrito en la mente de Bianca, una joven que queda huérfana tras un accidente automovilístico donde fallecen sus padres. Está escrito con una rabia apagada y asumida, sin lamentaciones o con ellas, con una voz atrevida y sincera. Un buen libro, escrito a grandes saltos; a mi parecer muy del gusto del estilo de Borges. Al menos así lo entiendo yo, pero no me hagan mucho caso.

martes, 11 de septiembre de 2012